» En el Mes del Patrimonio les presentamos parte de la historia del Hospital San Martín

En el Mes del Patrimonio les presentamos parte de la historia del Hospital San Martín

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La historia del Hospital San Martín de Quillota, registra como primer antecedente una reunión de vecinos en el verano de 1856, época en que se iniciaba el segundo lustro del Gobierno del presidente Manuel Montt y la denominada “Cuestión del Sacristán”, la que puso en entredicho la relación entre el gobierno conservador y la Iglesia Católica. [1]

No obstante, en ese entonces las preocupaciones de los habitantes se enfocaban hacia temas más ciudadanos, como era la necesidad de contar con un hospicio. Por ello, en este encuentro, realizado “a pleno campo”, los vecinos de la Villa de San Martín de la Concha del Valle de Quillota, decidieron organizarse ante la necesidad de contar con un hospital y recaudar donaciones voluntarias entre ellos para cumplir dicho propósito.

De esta manera, la organización de los vecinos dio pie para que el 7 de mayo de 1857 fuese colocada la primera piedra del establecimiento, inaugurándose oficialmente como Hospital San Martín de Quillota el 11 de mayo de 1860, bajo la dirección y protección de la Sociedad de Beneficencia de Quillota[2]. Por ese entonces, y tras la Revolución de 1859, se encontraba el país en plena transición hacia lo que los historiadores denominan República Liberal, la cual se inaugura con la ascensión al poder del Presidente José Joaquín Pérez en 1861.

Tal como consta en el primer libro de registro de pacientes, que aún se encuentra en poder del recinto asistencial, el primer paciente se hospitalizó el 26 de junio de 1860.  Se trataba de Don Claudio Moreno, 26 años, soltero. De padres desconocidos, este natural de Maipo y de ofició “peón”. El motivo de ingreso fue por fiebre, siendo dado de alta el 21 de julio de 1860.[3]

Desde entonces el Hospital San Martín ha tenido una particular cercanía con su comunidad usuaria ante los diversos requerimientos. En ese entonces, había muy pocos hospitales en nuestro país y la realidad sanitaria era muy precaria.  En la región de Valparaíso existía, desde 1790, el Hospital San Juan de Dios de Valparaíso, actual Hospital Van Buren, y desde 1847 el Hospital de San Felipe.

Lamentablemente, existen pocos datos escritos acerca del rol que aquel primer Hospital de Quillota debió jugar en la historia de nuestra zona desde esa época, en eventos tales como la Guerra del Pacífico, la Revolución de 1891 y los albores del Siglo XX. No obstante, dada la cercanía de Quillota con los grandes centros poblados del país como Santiago y Valparaíso, no es difícil imaginar el rol que, por ejemplo, le debe haber correspondido a este establecimiento tras la Batalla de Concón, en 1891.

Sólo hay algunas fotografías de las salas del antiguo hospital hacia los años 1930 y 1938, en las que destacaban, como en gran parte de los hospicios de la época la presencia de religiosas que hacían las veces de enfermeras y cuidadoras de los hospitalizados.

En 1942, en momentos en que el mundo se veía azotado por la Segunda Guerra Mundial y en nuestro país el Frente Popular liderado por el Partido Radical se encontraba en pleno auge,  nuevamente la comunidad quillotana se organizó con el propósito de renovar ese viejo hospital, el que ya contaba con 82 años. Según consta en algunos documentos, hubo dos personajes que lideraron esta nueva cruzada de la comunidad quillotana: el Doctor Alejandro Vázquez, que fue Director del Hospital y creador del primer Club Rotario; y el Alcalde  Valdebenito, quien gestionó  ante el Congreso Nacional la destinación de los fondos necesarios para construir un nuevo Hospital.

Tales gestiones dieron sus frutos a través de la Ley Nº 7.379, promulgada por el Presidente Juan Antonio Ríos.  El nuevo Hospital, que es el actual edificio del establecimiento, y emplazado a una cuadra del recinto antiguo, se construyó entre 1944 y 1948, permaneciendo desocupado por falta de implementación hasta mayo de 1951, cuando inició formalmente su funcionamiento.

En ese momento, el Hospital San Martín nace con 100 camas para pacientes hospitalizados y diez médicos; sin especialidades ni servicio de Urgencia, servicios que fueron desarrollándose en los años posteriores. La ciudad de Quillota contaba con cerca de 30 mil habitantes.

Desde esa fecha, el Hospital se ha desarrollado hasta transformarse en un establecimiento autogestionado en red, con 206 camas, con especialidades y subespecialidades, con más de 700 funcionarios, entre los cuales más de un centenar son médicos, lo que le permite asumir como hospital cabecera de las provincias de Quillota y Petorca, con una población asignada cercana a las 300 mil personas y una creciente demanda asistencial.

“El Hospital que existe hoy en día lo soñamos hace 40 años”

 

Adolfo Segundo Berrueta trabajó por 34 años en el Hospital San Martín de Quillota, por ello es voz autorizada para graficarnos cómo era la institución en ese entonces. Pese a haberse acogido a retiro el año 2005, aún siente esa fuerte ligazón por el recinto asistencial, no dudando en señalar que el Hospital constituía una verdadera familia para todos quienes aquí se desempeñaban.

“Llegué a este Hospital en 1971. Nací en Placilla de Peñuelas, Valparaíso, pero antes de llegar acá vivía en Villa Alemana, pues trabajaba en el Sanatorio Juana Ross de Peñablanca, en donde llegué como auxiliar de enfermería y salí de enfermero después de estudiar en la que hoy es la Universidad de Valparaíso”, recuerda sin ningún asomo de dudas este recordado funcionario -hoy de 78 años- que atesora una gran cantidad de vivencias y anécdotas.

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Así es como recuerda que la distribución del actual edificio que cobija al Hospital San Martín desde el año 1951 hoy es absolutamente distinta a ese entonces. “Yo llegué a lo que era la Asistencia Pública, donde hoy se ubica la Unidad de Procedimientos Médicos. Ahí permanecí por 10 años, en donde hubo que introducir importantes cambios en materia de higiene, pues yo venía con todo el tema de la asepsia desde la Universidad. Por ese entonces gran parte del instrumental se lavaba, no era todo desechable como ahora. Las jeringas eran de vidrio y debían lavarse, incluso los guantes”.

Con nostalgia Adolfo Berrueta evoca aquellos años en que “todo era más precario, habían menos médicos Además debíamos arreglarnos con lo que teníamos, debíamos inventarnos sondas y otros implementos, ocupábamos mucho la inventiva”.

Adolfo Berrueta recuerda que luego fue trasladado a Medicina, Servicio en que pasaría gran parte de sus años de trabajo hospitalario en el San Martín, a pesar de haber tenido también pasos por Pediatría, Pabellón y Cirugía. Al realizar una comparación de aquellos años con lo que le tocó vivir al final de su carrera profesional en el establecimiento, Adolfo Berrueta no muestra asomos de duda al señalar que “lo que se ganó en implementación y tecnología, se perdió en humanización en el trato, ya que antes si uno tenía un paciente de cuidado, podía quedarse hasta 3 horas más para asegurarnos de su cuidado. De hecho esa preocupación se veía entre los mismos trabajadores hospitalarios, éramos como una gran familia” recuerda al rememorar uno de los momentos difíciles que le tocó vivir en el Hospital: “Mi señora tenía un embarazo gemelar que se complicó, tuve a mi esposa muy grave. Todos los funcionarios que estaban de turno se acercaban a donar sangre, e incluso llamaban a sus familiares para que fuesen a donar, eso nunca se olvidará”

Agrega que antes existía más compañerismo, se preparaban a los auxiliares paramédicos, poniendo énfasis en el buen trato que debía haber con los pacientes. Recalca que si bien no contaban con todas las comodidades ni equipamientos para trabajar, incluidas ambulancias, la labor era realizada con gusto por el personal. “De hecho hace 40 años imaginábamos que el Hospital sería así como es hoy en materia de recursos, pero también las necesidades son diferentes”.

Familia de tradición hospitalaria: cariño por la institución que perdura

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Maritza Castro Moraga es parte de una familia de fuerte raigambre hospitalaria, ya que son 4 las generaciones de integrantes de este clan quillotano que, desde el primer tercio del siglo pasado, se han vinculado fuertemente a la institución. Maritza, hoy de bien tenidos 49 años, nació en este mismo establecimiento en el que hoy se desempeña como técnico paramédico del Servicio de Cirugía, admitiendo el gran cariño que ella y toda su familia mantienen por el Hospital San Martín.

Maritza señala que: “mis abuelos maternos trabajaron acá como auxiliares de servicios. Mi abuelo, Eduardo Moraga Concha, falleció a temprana edad siendo funcionario, mientras que mi abuela, Olga Beltrán Daza, también falleció siendo trabajadora activa del Hospital, el año 1962. Ambos trabajaron en el Hospital antiguo; de hecho mi mamá y mi tío me contaban que ellos alcanzaron a jugar en los amplios jardines de ese edificio, ya que en ese tiempo mucha gente llegaba a trabajar con los hijos”.

Maritza cuenta que su tío le comentaba que “el cambio desde el Hospital viejo al actual se hizo en carreta, llevando implementos hasta arriba de las camillas, todo se hizo a pulso”, señala esta funcionaria que hoy tiene a su hijo, de 22 años, haciendo un reemplazo de administrativo, con lo que ya son 4 las generaciones de esta familia que han pasado por el establecimiento. A Lo anterior, Maritza agrega que el nuevo edificio, que se erigió entre 1944 y 1948, fue todo un acontecimiento para los quillotanos de la época, “ya que por años fue el único edificio de la zona que contaba con ascensor”.

Maritza relata que su madre, Olga Moraga Beltrán nació en 1943 y gran parte de su infancia la vivió en el antiguo Hospital, “contaba que allí las piezas eran grandes, altas y tétricas y que las monjitas –quienes se dedicaban a labores de enfermería, lavandería y aseo- eran bien estrictas, andaban con coligües para asegurarse que los niños se portaran bien”. Recuerda que su madre ingresó al Hospital San Martín a realizar un reemplazo cuando falleció su abuela, realizando en el mismo recinto un curso de Auxiliar de Alimentación, puesto en el que se quedó hasta su muerte.

Maritza aún recuerda el fuerte olor a remedios que inundaba los pasillos hospitalarios cuando a ella le tocó asistir a la Sala de Cuna del Hospital San Martín, “en la que permanecí hasta más allá de la edad permitida, pues no tenían con quién dejarme en la casa”. “De hecho, a mí me pilló el terremoto de 1965 en el Hospital ya que fue de día”, recuerda al señalar que permaneció en dicha dependencia entre los años 1964 y 1967, estando ubicada primero en donde hoy se emplaza Esterilización y, posterior al terremoto, en la actual Biblioteca.

Así con el tiempo Maritza, al igual que su madre y tío, permaneció gran parte de su niñez en el Hospital, por lo que no fue raro que antes de terminar su escolaridad completa –la que finalizó posteriormente- hiciera el curso de auxiliar de enfermería en el año 1984, fecha desde la cual se mantiene en nuestro establecimiento.

[1] Araneda, Fidel Historia de la Iglesia en Chile  Ediciones Paulinas, Chile 1986

[2] Vicuña Mackenna, Benjamín De Valparaíso a Santiago   Santiago, 1877

[3] Primer Libro de Registro de Pacientes Hospital San Martín de Quillota, Quillota, 1860